Publicado 31.10.2018 |

Debo tratar a todos mis colaboradores por igual?

No existe falacia más grande que aquella en donde se afirma que se debe tratar a todos de la misma manera. Ni como padre, profesor, pastor, entrenador, gerente o responsable de cualquier tipo de equipo u organización es recomendable estandarizar la gestión del talento individual. Todos somos diferentes, tenemos un universo de complejidades que nos hacen únicos y, por lo tanto, nuestras necesidades personales y emocionales deben ser asistidas de manera única, distintiva y minuciosa. Trato diferente, pero con el mismo e inmutable grado de respeto por el otro.

En esta artística manera de capturar y derramar talento en beneficio del grupo, un gran líder debe ser plenamente consciente que sacar lo mejor de cada persona, es una de las tareas más complejas en el ejercicio de una gestión eficaz.

Si el máximo responsable de cualquier estructura asume este desafío desde el inicio de su tarea, parte del objetivo empieza a cumplirse. Es menester zambullirse dentro del otro para comprenderlo en todas sus dimensiones y aplicar la herramienta más adecuada para esa persona. Puede ser que un colaborador necesite coaching los primeros meses, otro autonomía, otro responsabilidades, otro escucha activa y así tanto en forma constante como disimiles son las personalidades de cada actor en cualquier empresa.
Un gran ejemplo en tal aspecto es Pep Guardiola, el técnico español más ganador en la historia del fútbol mundial, aquel que conformó el maravilloso equipo del Barcelona FC y revolucionó el fútbol con un juego elegante, vistoso y efectivo que hasta el día de hoy sigue cosechando logros con su impronta.

En tan solo cuatro años de gestión (2008-2012), este entrenador dejó grandes lecciones sobre un estilo de liderazgo introvertido y emocional, pocas veces recomendado por especialistas que restringen el ejercicio de esta herramienta vital, a un carácter fuerte, voz de mando potente, declaraciones estridentes y ampulosas manifestaciones de estados de ánimo.
Él mismo expresó cuando se refería al trato distintivo de los integrantes de su plantel: "...Por eso, a un jugador lo llevo a comer, a otro nunca le hablo de táctica ni del contrario delante de sus compañeros, a un tercero le hablo en privado en mi despacho, y con el resto directamente charlo sobre lo que hacen en su tiempo libre. Qué decirles, cómo seducir a cada uno, llevarlo a tu terreno, es lo más fascinante de este trabajo para conseguir lo mejor de la persona."

Guardiola ha demostrado que se pueden lograr resultados extraordinarios, si sabemos dominar nuestro ego como primera acción de campo. Además nos enseño amalgamar cercanía con autoridad, dupla a la que le temen muchos directivos; y que el trabajo en equipo comulga con la generosidad de todos, sin personalismos, pero conservando la personalidad de cada uno.


Una definición de justicia, desde el punto de vista del derecho es dar a cada uno lo suyo, siendo la tarea de un buen líder sustentable comprometerse a establecer relaciones de crecimiento con cada integrante de su equipo para poder exigir luego, lo mejor en la medida del talento que posean y desplieguen. Conectar entre voz, emoción y toque para lograr lo mejor de cada mente, cuerpo y alma.


Del libro: El liderazgo sustentable, Ed. Edicon, Bs. As.